Por la Dra. Silvina Fontana
La hipertensión arterial es una enemiga silenciosa. No produce síntomas evidentes, pero está detrás de una proporción enorme de eventos cardiovasculares graves. Avanza despacio, sin dar señales claras, y cuando aparece ya dejó marcas profundas: ACV, infartos, enfermedad renal crónica, insuficiencia cardíaca y pérdida de calidad de vida en edades donde las personas aún trabajan, crían, cuidan y producen.
En Argentina, las enfermedades cardiovasculares son responsables del 34 % de las muertes. Dentro de este grupo, la hipertensión arterial es el factor de riesgo más frecuente y menos controlado. Apenas una de cada cuatro personas hipertensas tiene su presión arterial en valores adecuados. Esta cifra no habla solo de salud individual, habla de fallas estructurales en cómo el sistema detecta, acompaña y trata a quienes más lo necesitan. La evidencia es precisa y contundente. Reducir 10 mmHg la presión sistólica baja un 38 % la incidencia de ACV y disminuye de forma significativa la probabilidad de infarto, insuficiencia cardíaca y enfermedad renal.
Esto no es una estadística abstracta: son miles de personas que evitan un evento grave y conservan autonomía, vínculos y años de vida productiva. La otra cara de la hipertensión es la desigualdad en el acceso. La mitad de las personas hipertensas no tiene controles adecuados, y un número considerable ni siquiera conoce su diagnóstico. El problema no es la falta de conocimiento médico: es la distancia entre el diagnóstico posible y el diagnóstico real, entre el derecho a la salud y el acceso efectivo. Esa brecha no se cierra con campañas esporádicas ni con discursos bien intencionados. Se cierra con programas sólidos, con gestión territorial y con decisiones políticas que pongan a la prevención en el centro.
Desde ACEAPP impulsamos un Programa de Control Cardiovascular para ordenar la respuesta frente a este desafío. El programa contempla:
- Tamizaje sistemático en personas mayores de 40 años y población con factores de riesgo.
- Controles médicos regulares y acceso a estudios básicos.
- Tratamiento antihipertensivo esencial, asegurado dentro de la red.
- Consejería en hábitos saludables, con foco en alimentación, actividad física y abandono del tabaco.
- Detección y control de comorbilidades como dislipemia, obesidad o diabetes.
- Indicadores de gestión claros, que permiten monitorear control de presión arterial, adherencia terapéutica y reducción de eventos cardiovasculares.
No se trata solo de salud pública: también es una cuestión económica. El costo anual de las internaciones por infarto, angina y ACV ronda los $1.600 millones, y cualquier reducción en estos eventos se traduce directamente en ahorros para el sistema. No es una proyección teórica: está probado que invertir en prevención es mucho más eficiente que cubrir internaciones y rehabilitaciones prolongadas.
Cada control de presión arterial es una decisión sanitaria concreta. Es un evento evitado, un gasto catastrófico menos para una familia y una persona que mantiene su capacidad de vivir con autonomía. Controlar la hipertensión es probablemente la intervención más costo-efectiva en salud cardiovascular, porque previene múltiples patologías al mismo tiempo. No requiere tecnología sofisticada, sino organización, equipos capacitados y voluntad política real.
En este punto, es importante recordar que la hipertensión no viaja sola. Suele coexistir con otros factores de riesgo: obesidad, sedentarismo, diabetes, dislipemias. Por eso, los programas no pueden ser fragmentados ni verticales. Necesitan abordajes integrales que se sostengan en el tiempo, articulados con atención primaria y con capacidad de escalar territorialmente.
Esta primera entrega de la Trilogía sobre Enfermedades Crónicas No Transmisibles comienza con la hipertensión porque es la puerta de entrada más frecuente al riesgo cardiovascular. Si controlamos bien la presión arterial, reducimos en cascada infartos, ACV, insuficiencia cardíaca y muertes prematuras. Y, al mismo tiempo, liberamos recursos para otras áreas críticas de la salud.
Desde ACEAPP, trabajamos para que la prevención deje de ser una aspiración y se convierta en práctica sostenida. Una red organizada, profesionales comprometidos y decisiones firmes pueden cambiar el curso de esta enfermedad silenciosa que hoy atraviesa a millones de argentinos.
Porque controlar la presión, lejos de ser un acto médico aislado, es una política sanitaria inteligente, previsible y justa.